Exitoso Iruña Rock

POR JAVIER ESCORZO, EN NOTICIAS DE NAVARRA.

Han sido dos años durísimos para el mundo de la cultura en general y para el de la música en directo en particular. Lo sabe bien la organización del Iruña Rock, que se vio obligada a suspender en el último momento la edición de 2020 y ha pasado en estos tiempos de pandemia su particular travesía del desierto (no ha podido celebrar su festival, aunque sí ha montado algunos conciertos). El 18 y 19 de marzo, por fin, volvió su buque insignia, un macro festival dedicado al rock en su sentido más amplio (ese que abarca desde el punk rock hasta el metal o el hip hop). La respuesta del público fue, como era habitual antes de la pandemia, entusiasta y masiva, llenando el Navarra Arena de fieles durante dos maratonianas jornadas: la del viernes, más orientada hacia el rock y el metal, y la del sábado, con importante presencia del rap y el hip hop.

En líneas generales, el festival fue un éxito rotundo, no solo por la gran afluencia de público, sino por la buena organización, por el clima que se creó en el Arena y, por supuesto, por el nivel de las bandas que desfilaron por el escenario. Escenario, en singular, pues, a diferencia de otras ediciones en las que que había dos, de tal forma que en cuanto un concierto terminaba el siguiente comenzaba en el otro, este año hubo un único escenario. Así, cuando concluía cada actuación había que esperar una media de veinte minutos, pero las pausas venían bien para visitar las barras o los servicios.


Respecto al cartel, los grupos exhibieron el nivel que se esperaba de ellos. Un acierto del festival fue contar con la presencia de varios grupos navarros: Mosh, Lendakaris Muertos, The Guilty Brigade, Virenque y Dinamita dejaron, en diferentes horas y circunstancias, sobradas muestras de su valía y saldaron con buena nota sus respectivas actuaciones.

El viernes, Su Ta Gar congregó a un buen número de seguidores a primera hora de la tarde. Desakato se reafirmó como una de las mejores bandas nacionales en directo. Evaristo, que en el Iruña Rock de 2020 iba a venir junto a La Polla Records, en esta ocasión nos visitó con su nuevo proyecto, Tropa do carallo, aunque también recuperó viejos éxitos de sus antiguas bandas (se guardó a bueno recaudo, eso sí, los mayores himnos de La Polla, quizás para no eclipsar sus composiciones mas recientes). Segismundo Toxicómano fue un auténtico torbellino con las canciones de su último álbum, Sangre Fácil.


El sábado, con las puertas abiertas desde las 13.30, hubo más eclecticismo musical. Los de Marras supieron mantener alto el estandarte del rock urbano (guarrocanrol lo llaman ellos). Las chicas de Ira abrieron el abanico estilístico con su rap feminista, mientras que los gallegos de Aphonnic arrasaron con su metal alternativo. Búhos supieron conectar bien con la audiencia, inundando el pabellón de su rock mestizo. Los Chikos del Maíz y Kase.O ocuparon las horas centrales de la jornada: los primeros, con su fórmula habitual de rap combativo y letras que no dejan títere con cabeza; el segundo, presentando un nuevo proyecto, Jazz Magnetism, en el que mezcló con mucho acierto los ritmos del hip hop con los sonidos del jazz. Supongo que cada uno de los asistentes tendrá sus preferencias, pero en opinión del que escribe estas líneas, el suyo fue el espectáculo más destacado de las dos jornadas. Después de él, Zoo y Mafalda consiguieron mantener viva la energía y que no decayeran los ánimos en el pabellón, que llevaba ya más de doce horas de música y fiesta ininterrumpidas. Supuso una gran alegría comprobar que todo salía a pedir de boca. Lo merecían los artistas, lo merecía el público, y lo merecía la organización y los trabajadores del festival.

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