Kase O: El círculo del jazz, rugiendo en el Iruña Rock

LA SEXTA CUERDA

Nadie se puede ruborizar si digo abiertamente que había muchísima expectaciónpor ver al veterano rapero en escena, y es que los motivos no eran pocos. Formaba parte de uno de los primeros festivales que se podían realizar de manera “normal”, también se trataba de uno de los grandes reclamos del cartel y de su primer concierto en Pamplona desde que en 2017 presentara su exitoso álbum en solitario: El Círculo. Por si fuera poco, están en plena gira de celebración del 10º Aniversario del lanzamiento del incombustible disco JAZZ MAGNETISM. (recordemos para los más despistados que este no es un concierto de Kase O al uso, sino uno dentro su proyecto con su banda de jazz). Muchas fichas en una sola apuesta.

La energía tanto en gradas como en pista era tremenda y es que el bolo previo con Los Chikos del Maíz no fue precisamente “tranquilo”. Todo el público asistente estaba preparado para “el golpe de gracia”. Con estos precedentes, irrumpió en escena Javier Ibarra, ataviado con una chilaba negra, la cual le proporcionaba cierto aire de solemnidad, y a la vez, suavizaba sus numerosos movimientos (no se detuvo apenas durante todo el recital). Los pies descalzos y sin apenas accesorios. Quedaba claro que a diferencia de lo que impera en el panorama del rap actual (con alguna excepción, siempre las hay), no había espacio para promocionar marcas caras, lucir cadenas o dientes de oro, ni encajar en un estereotipo pre-fijado de cómo debe ir vestido/adornado un rapero.

Javier quería abstraerse de la ecuación, y dar todo el peso al propio show, a sus músicos, y por supuesto, al público. Como ya he dicho en otras ocasiones, no me gusta entrar en detalle a los setlist de los conciertos, porque creo que es igual de desagradable a cuando te tragas un spoiler de tu serie favorita, o de una película que estabas deseando ir a ver al cine (agradezco enormemente que desde La sexta cuerda, nos permitan expresarnos sin restricciones ni obligaciones a mi y al resto de compañeros redactores y fotógrafos). Dicho esto, lo que sí os puedo decir sin temor a arruinar la experiencia es que los himnos se sucedían uno tras otro. Y si, digo himnos porque no había asistente que no se supiera al dedillo cada letra de cada canción. Algunos interpretados de manera curiosa, ya que por ejemplo, varias de las canciones que disfrutamos pertenecían a su álbum en solitario, el cual está plagado de bases y samples… pero no hubo mayor problema. Supieron adaptarlo al nuevo formato y llevarlo al directo con la banda implicada de manera eficaz.

Quizás el llevar prácticamente toda una vida entera dedicada a la música y haber sido capaz de alcanzar la cima en muchos aspectos de ésta, le permite vislumbrar todo con más claridad. Quizás también precisamente por eso, la presión sea tan elevada, y a veces no permita disfrutar de las pequeñas cosas, de los “milagros cotidianos”. En un momento del concierto, manifestó su lucha más dura: la que realiza consigo mismo: “No puedo disfrutar una película sin detenerme a analizarla” decía. Supongo que el caer a veces en esos pensamientos forma “parte del pack” de ser artista. Pero como después compartió, la clave es saber fluir y no perderse en el a veces ingrato yugo de la perfección. Fue lo que acabó sucediendo, y tras este momento de reflexión cercana a todos los oyentes (no en vano en uno de sus temas dice que: “el público es su confesor, su cómplice”), continuó el recital con más intensidad que antes si cabe, cerrando de manera potente, regalando un par de temas extra a modo de bis (algunos de la vieja escuela que nadie se esperaba poder cantar en pleno 2022).


Las caras de satisfacción no mentían. Kase O y su Jazz Magnetism habían dejado un buen sabor de boca en todos los que tuvimos el placer de disfrutar de su directo. No se me ocurre mejor banda sonora para esperar lo mejor en este año. Como dice el tema del vídeo resumen: Hoy es mi renacimiento ¡Renazcamos todos!

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